Media maratón de Salou 2016. Una media exigente.

Las excusas son para quienes no quieren esforzarse lo suficiente. -Dicho popular-



Tercer año consecutivo corriendo en Salou, en una de las carreras que más me gustan. Una media maratón dura pero bonita.

Como cada año fui con la familia a correr la media maratón. El año pasado solo puede correr la 10k y este año quería repetir los 21,098 kilómetros acompañado de mi mujer @mapixula que corrió los 10k por segunda vez.

El sábado recogimos los dorsales en el pabellón municipal. Todo un acierto este cambio de la organización, ya que el año anterior tenías que desplazarte hasta Tarragona para hacerlo. Había entrenado bien. Después de muchos meses sin correr por preparar la Quebrantahuesos, hice dos meses de entrenamiento específico y aunque hacía unas semanas que tenía molestias en la banda iliotibial mi intención era correr por debajo de 1h50’, teniendo en cuenta el recorrido de la edición de hace dos años pero no tuve en cuenta que el recorrido había cambiado y esta vez eran dos vueltas a la parte más dura, con continuas cuestas y una rampa final que te hace dejarlo todo, y esto dos veces.

Además, el primer contratiempo. Me dejé los geles que habitualmente consumo y debía comprar otros. Encontrar los mismos era casi imposible conque decidí comprar unos en el supermercado y hacer lo que nunca se debe hacer, probar cosas nuevas en una carrera y menos comida, pero no quedaba más remedio.

Recorrido



Se dio la salida puntual. El gps no me conectó y no pude ver el ritmo que llevaba hasta el kilómetro 10 –otro contratiempo-. Me coloqué con el globo de 1h50’ como había planeado. El primer kilómetro no se pudo correr del todo a gusto como suele ocurrir por la aglomeración de gente entre las calles pero ya, cada uno cogió su lugar y empezamos a rodar fluidos.

Corríamos con ritmo constante, a 5 minutos/km o algo por debajo para ir ganando segundos de cara a la zona dura. Los primeros kilómetros, llanos, transcurren por la parte norte de la ciudad y bajan hasta el paseo donde puedes ver por primera vez el mar –aunque sea de lejos-. Torcemos a la izquierda para coger la calle Zaragoza y al final de ésta comienza la verdadera media maratón. Un ligero giro a la derecha nos lleva a comenzar la primera subida, constante y exigente. Iba muy bien, seguía con el grupo, íbamos pasando gente. Los tiempos se iban cumpliendo.

Al terminar la primera dificultad se gira a la derecha en una bajada donde está situado el primer avituallamiento. Cogí un botellín de agua procurando no descolgarme del grupo. Un poco más adelante se separan las dos carreras, los de la media maratón nos vamos a la izquierda y los da la 10k, a la derecha.

Este segundo tramo discurre camino a La Pineda con constantes subidas tendidas y pequeñas bajadas , seguía con el grupo a un ritmo entre 5:00 a 5:10 -por lo que decían, ya que todavía no me había conectado el gps-, nos llevaba con la lengua fuera. Me encontraba bien pero ya empezaba a notar la fatiga de tanto tirar hacia arriba –no había entrenado suficientemente la fuerza, está claro-.

Toca tirar de cabeza

Giramos a la derecha hacia el cabo de Salou en una suave bajada y ya comencé a ver en el horizonte el mar de nuevo. Una pequeño descanso que me preparaba para lo peor. Bordeamos playa llarga en una suave bajada y al fondo ya vemos lo que nos espera, una tremenda cuesta, corta, dura y exigente. Empiezo la subida con el grupo, se me disparan las pulsaciones y las piernas arden, pierdo algún metro respecto a la liebre pero aguanto. Afronto los últimos metros vacío, se me escapan 10 metros, llegamos arriba y fundido veo que va a ser difícil coger el grupo de nuevo.

Ya bajando hacia el paseo por la Avda. Carles Buigues me doy cuenta que bajar de 1h50’ con este circuito va a ser tarea casi imposible. Estaba muerto, estos 10 primeros kilómetros a ese ritmo con ese desnivel me habían vaciado. Pequeño bajón al pensar que todavía quedaban 11 kilómetros más en otra vuelta exactamente igual. Iba a tener que tirar de cabeza aunque esta me había abandonado.



Tomé un gel en el siguiente avituallamiento, ya el ritmo había bajado, el gps conectó – por fin- y puede saber el ritmo que llevaba. Los siguientes dos kilómetros transcurren por el paseo en un trazado de ida y vuelta que se hacen duros mentalmente. Vas viendo a la gente que vuelve hacia la segunda vuelta y tu, que estás yendo, sabes que tienes que volver a pasar por allí. Duro. Comencé la segunda vuelta ya mentalizado de lo que me iba a encontrar y decidí tomarlo con calma y poder disfrutarlo al máximo, aunque no tenía fuerzas –ese gel no me dio el punto como los que tomo habitualmente-.

Comencé la segunda vuelta a ritmo constante, subidas constantes, me iba pasando gente, adelantaba a menos pero no paraba, las piernas comenzaban a acusar los kilómetros. El correr en solitario se hace más duro todavía, al ir en grupo vas más arropado, te tapan el aire, vas con el ritmo más constante y tiran de ti. Correr en solitario es un trabajo mental, contra tu cabeza que te pide que pares y tienes que convencerla de que no, no vas a parar hasta el final.

Atravesé toda la zona de sube y baja y llegué al avituallamiento del kilómetro 15, otro gel y a encarar la bajada hasta la cuesta de punta roja, la temida cuesta, era el kilómetro 17 aproximadamente. La animación con batukada durante la subida animaba, las piernas estaban a punto de estallar pero poco a poco conseguí llegar arriba. Solo quedaban 4 kilómetros. Tras la leve y rápida bajada comencé a sentir ligeros pinchazos en el cuádriceps izquierdo, un principio de calambre que me hizo aminorar la marcha y ser más cauto, quería llegar.

El avituallamiento antes de entrar de nuevo en el paseo por la fuente luminosa me dio la vida. Quedaba de nuevo sufrir por la recta interminable de ida y vuelta. Parece que me encontraba mejor, inconscientemente iba más rápido, lo que hace una buena bebida isotónica -mejor que los geles del ‘super’-. Giro a la izquierda y a encarar el último kilómetro. Parece que ya está todo hecho pero en los últimos 500 metros te obsequian con otro giro la izquierda y una subida tendida que hace que el mundo se te venga abajo. Encaré la meta y finalmente la crucé con mi hijo en brazos. Una media dura, pero bonita.

Como es tradición, y después de la merecida ducha, una pizza y viaje de vuelta a Zaragoza. Un gran fin de semana.

Valoración final positiva. 7 minutos más que la anterior, lo que denota la mayor dureza de ésta ya que iba mejor preparado. No había entrenado lo suficiente visto el recorrido pero salgo contento de la forma en la que estoy y sobre todo de poder volver año tras año.

Ahora a por la próxima.

Mis parciales



Un abrazo.

Carlos.

Fotos: Mijta salou

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