Orbea Monegros Bike Marathon Desert 2017

El mayor de los peligros para la mayoría de nosotros, no es que nuestro objetivo sea demasiado alto y no lo alcancemos, sino que sea demasiado bajo y lo logremos. (Michelangelo)

Sin duda uno de los mejores días encima de la bicicleta. Las piernas respondieron y la cabeza funcionó todavía mejor. Máximo disfrute no exento de sufrimiento. Esto fue la Orbea Monegros Bike Marathon Desert 2017.


Por cuarto año me planté en la línea de salida de Monegros. El segundo intento en la distancia larga de 117,6 km y 1149 metros de desnivel acumulado tras la fallida intentona del año pasado por el viento, que obligó a la organización a cortar la carrera y me tocó terminar la distancia corta: Orbea Monegros 2016.

Esta vez las previsiones eran mucho mejores, amenazaba lluvia ligera durante la carrera pero finalmente el tiempo respetó y salvo algún momento de viento suave el tiempo fue perfecto, nublado todo el día pero buena temperatura (sobre todo para mí, que no me gusta nada correr con calor)

Llegamos a Sariñena sobre las 10:00, recogimos los dorsales, comimos algo de pasta y tras alguna pequeña dificultad, nos plantamos en la línea de salida a las 11:55, cinco minutos antes de la salida oficial. Como siempre la espera es larga ya que con más de 6000 personas la salida se demora bastante. A las 12:35 aproximadamente, cruzamos la línea de salida y comenzó la aventura.

Los primeros kilómetros fueron tranquilos lleno de gente a los lados de la carretera dando ánimo y aliento a todos; lo íbamos a necesitar. Ligera subida dentro del pueblo y cogemos la pista que nos lleva hacia Albalatillo. Mucho polvo, muchos ciclistas, mucho ambiente, esto es Monegros.

Primer pinchazo

A los pocos kilómetros el primer contratiempo. De repente noto que he pinchado, un alambre de hierro ha atravesado toda la cubierta. Qué mala suerte -pienso, nada más empezar, cuando todavía no has calentado y encima vamos en la parte trasera del pelotón. Reaccionamos a tiempo y entre Javi y yo cambiamos la cámara rápidamente. Hincharla cuesta, no llevamos bombona de CO2, y con la bomba se hace complicado y gastas una energía que puede que necesitemos más adelante. Durante el cambio, nos pasa Tomy Misser, excampeón de mundo de descenso que forma pareja actualmente con el ganador la este año aquí en Monegros, Ibon Zugasti en las carreras más bonitas en btt y carretera del mundo. No os perdáis la serie Imparables donde cuentan todas sus aventuras.

Pequeño saludo con Tomy Misser y unos dos o tres kilómetros fuera de carrera reemprendemos la marcha. No nos dejamos llevar por el contratiempo y tiramos hacia adelante intentando recuperar el tiempo perdido cuanto antes. Comenzamos a adelantar gente y recuperamos la velocidad de crucero.

Segundo pinchazo

Es el kilómetro 30, faltan cuatro para el primer avituallamiento y de repente noto un fuerte golpe en la rueda trasera, he pasado por encima de una piedra de tamaño considerable y unido a que, después del primer pinchazo, la presión de la rueda trasera no es la adecuada, reviento de nuevo. Buffff…..

No puede ser -lamenté, pero lo tomamos muy bien. Cambiamos rápido la cámara, hinchamos lo suficiente para llegar al avituallamiento y tras ser pasados de nuevo por muchos de los que antes habíamos adelantado, reemprendemos la marcha con optimismo y ganas de seguir hacia adelante.

Es un contratiempo pero es un día para disfrutar. A veces hay piedras en el camino y las cosas no salen como queremos pero no es motivo de venirse abajo, el simple hecho de poder estar allí participando, yendo en bici, con tu amigo y disfrutando del deporte es motivo de satisfacción personal. No debemos olvidar que somos unos privilegiados los que podemos disfrutar de estas aventuras, grandes o pequeñas, porque no todo el mundo puede hacerlo. Esto no lo olvides nunca. Disfruta siempre al máximo de cada experiencia. Esta debe ser la máxima en cada cosa que hagas.

Llegamos a avituallamiento, hincho la rueda, cogemos agua y a subir la única dificultad reseñable (quitando la distancia claro). Nos cuesta coger el ritmo pero poco a poco vamos ganando buenas sensaciones y con buena cadencia vamos avanzando por algunos repechos. El camino se estrecha en ciertos momentos y en unos de ellos debido a la gente parada en una de las subidas tenemos que parar ante el embotellamiento. 

Continuamos y empezamos la ascensión. Una subida que me parece muy bonita con esas curvas de herradura que te hacen llegar al punto más alto de la carrera en el kilómetro 43, el Alto de Piedrafita. Subida algo exigente pero llevadera.

Aquí se dividen la macha larga y la corta, desde aquí 17 o 18 kilómetros de descenso salvo algún repecho que me dejan helado. Las piernas ya van dando avisos y las pastilas de sal son absolutamente necesarias para evitar los calambres. Descenso rápido por una pista en buen estado y llegada al avituallamiento en Peñalba. Se notan los kilómetros, el cuerpo va justito pero me siento bien y con ganas. Recuperamos unos minutos, comemos y bebemos bien. Noto que empiezo a quedarme frío. La temperatura no es muy alta y estar parado con el maillot empapado no es muy bueno. 

Comienza lo bueno

Salimos de Peñalba ya habiendo recuperado distancia y tiempo dejando a cientos de bikers reponiendo fuerza y tiramos hacia la segunda parte de la marcha que promete. Quedan unos 56 kilómetros que no van a ser fáciles. Cogemos ritmo y enseguida empezamos a rodar por encima de 30 con el ligero viento a favor (gracias!!!) y vamos devorando los kilómetros. 65, 70.... Este tramo hasta el siguiente avituallamiento es en ligera subida con pequeños repechos que duelen pero muy rápidos de pasar. Poco a poco nos vamos encontrando mejor a cada kilómetro.

Del 75 al 80 se me hace pesado y duro, las piernas siguen dando avisos y la energía parece que desaparece pero gracias a esos benditos geles aguanto con calma y pedaleando constantemente sin pausa y a un buen ritmo. Al fin llegamos al avituallamiento del kilómetro 86. Ya el cuerpo nota el cansancio. Aún restan 30 kilómetros y esto promete ser duro.

Es hora de volar

Salgo del avituallamiento con fuerza y enseguida cojo un ritmo brutal. Comenzamos Javi y yo a pasar gente como aviones, vamos a tope, dándolo todo, exprimiéndonos. Mi cuerpo responde, las piernas responden, la cabeza tira hacia adelante, kilómetro 90, 95, 100, me encuentro fortísimo, vuelo, es increíble que después de más de 100 kilómetros pueda dar tanto. Bajamos disfrutando a todo lo que da el cuerpo pero conscientes de que aún no está todo el pescado vendido. 

En el llano rodamos como aviones, me lo estoy pasando en grande, de eso se trata ¿no? Lo doy todo, giramos a la izquierda después de Albalatillo y encaramos los últimos 5 kilómetros casi sin enterarnos. Aprieto un poco más pero a falta de dos levanto el pie, quiero disfrutar estos últimos metros (además voy fundido ya…) Rodamos fácil por asfalto hasta la línea de meta abarrotada por todos los que vamos llegando.

Al final 6 horas y 14 minutos (5 horas y 30 minutos en movimiento) de desierto, superación, fuerza, sacrificio, disfrute, motivación y diversión.

Dejamos las bicis en el parking y nos dirigimos a comer. Te dan un plato de fideuá (malísimo pero que me lo como sin rechistar) y una hamburguesa que está sabrosa. Todo regado con una cerveza que me supo a gloria (todo sea por recuperar….)

Gracias a toda la gente que anima en cada esquina de cada pueblo, en la salida, a los que te sirven la bebida y a los que te arreglan la bici. A los voluntarios. Te ayudan a mantener esa motivación necesaria para poder cruzar la linea de meta y hacen que sea un día espectacular.

Un gran día. Una gran carrera. Uno de los mejores días. Felicidad máxima. Otra experiencia más. GO!

Un abrazo.
Carlos.


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