Reflexiones de una pandemia

Hace pocos días que el estado de alarma debido a la pandemia del COVID-19 dejó de estar vigente en España. Han sido cien días en los que la sociedad ha cambiado. Al menos durante un tiempo.

El coronavirus SARS-CoV-2 causante de la enfermedad COVID-19 ha venido de repente a cambiar algunas de nuestras costumbres. Esta pandemia está siendo algo nuevo para la mayoría de nosotros, ya que no hay que olvidar las diferentes epidemias recientes, que si bien menos graves en cuanto a número de fallecidos en tan poco tiempo, han estado y seguirán acompañándonos durante nuestra existencia. Este virus nos ha hecho replantearnos muchas cosas tanto a nivel personal como a nivel de humanidad.

Por primera vez la sociedad moderna ha sabido lo que es un confinamiento obligado por un gobierno y lo que ello supone. Sin duda, este coronavirus, infravalorado por todos en sus inicios, está siendo devastador para muchas vidas y para la economía de los países. Mucha gente ha perdido sus trabajos, otros han visto reducidos sus ingresos y calidad de vida y los que no, hemos visto reducida nuestra libertad.

A pesar de todo sigue habiendo algo de hipocresía en todo esto. Si bien la gravedad es evidente, ya que nunca antes habíamos conocido este nivel de confinamiento, no hay que olvidar que también mueren muchos miles de personas al año −entre ellos muchos niños− por enfermedades fácilmente curables o por falta de acceso al agua.

El mundo debe hacer auto-crítica.

La humanidad se vuelca para encontrar la cura o la vacuna contra el virus. Y es lo que hay que hacer, apoyar con todos los recursos disponibles a los científicos para que logren la cura lo antes posible pero ¿por qué no nos volcamos de la misma manera o con los mismos recursos para dotar de agua potable a los seres humanos que carecen de ella o para hacer llegar la cantidad de medicamento suficientes a los países donde la gente muere cuando se podría evitar fácilmente? La respuesta a mi manera de ver es clara, lo que pasa en el ‘primer mundo’ importa más que en el resto. El mundo debe hacer auto-crítica.

Hay algo bueno de todo esto y es que nos ha obligado a parar; a parar y reflexionar. Este confinamiento y vuelta a la nueva normalidad es un momento ideal para detenerse, coger aire, pensar y recapacitar. Es ideal para renovarse por dentro y por fuera y para desacelerar y dejar decantar lo que hemos vivido y como hemos vivido hasta ahora. Es el momento ideal. Te invito a que aproveches estos próximos meses para hacer un reinicio y recuperar la energía perdida; esa energía que perdemos con la misma rapidez a la que nos movemos habitualmente.

Estos más de 100 días han dado para mucho.                              

Me han permitido pasar mucho más tiempo con mi familia, disfrutando de mi mujer y mis hijos las 24 horas del día. Ese tiempo es el más valioso del mundo gracias a haber tenido la fortuna de trabajar desde casa.

También me ha permitido darme cuenta, aún más si cabe, de lo afortunados que somos la gran mayoría de nosotros. Tenemos todo al alcance de la mano. Solo con hacer un clic o bajar al supermercado tenemos lo suficiente para comer y sobrevivir sin esfuerzo.

Me ha permitido apreciar las cosas que antes pasaba por alto como tener una simple barra de pan para comer. Debido al confinamiento íbamos a comprar una vez cada 15 días al supermercado y una vez a la semana nos traían frutas, verduras y pan a casa. Ese pan que no duraba más allá del fin de semana pero que estaba deseando que llegara cada viernes. Una simple barra de pan me daba ese momento de felicidad. ¡Con qué poco podemos ser más felices! Esto reafirmó mi creencia en que hay que aprender a valorar las pequeñas cosas, los pequeños placeres.

Estos días me han servido para parar hacer cosas que tenía pendientes: como arreglar el jardín o hacer pequeños arreglos en casa. También para aprender a estar en una situación incómoda, haciendo de profesor, empleado y padre a la vez. Me ha servido para trabajar mi resiliencia y para trabajar mi adaptación al cambio. He podido escribir un par de artículos para el blog que tantas ganas tengo de dedicarle el tiempo que no tengo pero que algún día tendré, o lo inventaré.

Hasta he podido correr una media maratón en mi jardín.

Me ha dado tiempo a pensar, y a no pensar; a apreciar lo que tengo que es mucho y a clarificar mis prioridades y en lo que me quiero enfocar. Me ha servido para empezar a fluir de manera más clara. Me ha aportado conocimiento, paciencia y más serenidad. Espero que todo lo que aprendido perdure y voy a trabajar para que esto ocurra.

Por todo esto los momentos duros tienen tanto valor. La incomodidad hace que crezcamos, que ampliemos nuestros horizontes y nos hace mejores. No hay que huir de la incomodidad ya sea física, mental o emocional sino hay que escuchar que nos quiere decir y dejar que nos acompañe.

La manera de relacionarnos ha cambiado. Se dice que para siempre; tengo mis dudas. Somos seres humanos muy sociales, y más en los países latinos como España. Las relaciones volverán a lo que humanamente somos, estoy convencido de ello. Convivir con los amigos, la familia y salir de un modo normal volverá a ser lo habitual. Los besos y abrazos, y darse la mano sin miedo volverá pero de momento toda precaución es poca.

Gracias a la ciencia saldremos de esta.

Durante la pandemia nos hemos dado cuenta lo que la ciencia hace por la humanidad. Todos anhelamos la vacuna o el tratamiento frente al virus. Gracias a la ciencia saldremos de esta. Gracias a los investigadores, tan maltratados y e infravalorados, seremos capaces de encontrar un tratamiento y de crear una vacuna porque los seres humanos no sabemos hacer más que avanzar y resolver problemas. La ciencia tiene las respuestas.

Me quedo atónito cuando critican a Bill Gates donar 1.000 millones de dólares de su propio dinero para la investigación de las vacunas o cuando oigo a los colectivos anti-vacunas clamar frente a las compañías farmacéuticas y acusarlas de solo querer enriquecerse (creo que las compañías que fabrican productos homeopáticos no regalan sus productos) y hablar de que provocan muertes y demás sandeces sin sentido con el único fin de ganar notoriedad (no he visto en las noticias ninguna manifestación de los anti-vacunas en contra de la vacuna contra el coronavirus SARS-CoV-2). Aportemos el valor que se merece la ciencia.

No todo es negativo en estos días. Ha habido cosas muy positivas. En primer lugar la solidaridad de la gente en su gran mayoría ha sido y es fundamental. Los españoles, tal y como nos caracteriza, somos gente muy solidaria. Lo seguimos demostrando día a día, pase lo que pase.

Hemos dejado respirar a la naturaleza. Se han producido menos emisiones de dióxido de carbono, menos tráfico, menos vuelos, menos tránsito marítimo... En definitiva: menos contaminación.  La naturaleza seguro que ha agradecido estos días de tregua. El planeta lo necesita y los que tienen el poder de cambiarlo no son conscientes de lo necesario que es.

Ha cambiado nuestra forma de trabajar. Muchas empresas se han dado cuenta de que el teletrabajo es una opción real, segura y que reduce costes. Las que consigan amoldarse a los tiempos sobrevivirán.

Es cierto que se las relaciones personales salen perdiendo pero si las empresas logran equilibrar el teletrabajo con el trabajo presencial darán un salto cuantitativo y cualitativo en la productividad de los empleados y en el ahorro de costes. Tenemos la tecnología para poder hacerlo y hemos podido comprobarlo.

Estos más de 50 días reales de trabajo en casa he podido probar mi método de productividad personal más allá de la oficina. He incluido algunos super-hábitos para adaptarme al trabajo en casa y he comprobado que mi eficiencia puede aumentar todavía más. Más trabajo con menos esfuerzo. Y lo que es más importante, con más calma y menos estrés. Siempre será necesario pasar por la oficina algún día a la semana pero creo que trabajar desde casa trae muchos beneficios personales.

Es una pena que la gente que nos gobierna no sea capaz de estar unida ni en momentos tan delicados como estos. Los intereses propios han estado y están por encima de cualquier situación incluso las más graves. ¿Qué hay más grave que la salud de la humanidad? No han sido capaces de dejar a un lado colores y pensamientos para poder gestionar eficientemente algo tan básico como la salud de los ciudadanos. Es triste, muy triste. Pero no es algo que deba cogernos por sorpresa. Viendo la calidad de las actuaciones públicas de cada uno de ellos no hubiese esperado otra cosa. Por eso cada vez estoy más convencido de que importa poco quién esté al mando.

Aprovecha tu tiempo. Aprende, experimenta y mejora cada día pero sobre todo, vive y disfruta al máximo cada momento.